viernes, 25 de septiembre de 2015

Karate

Para mí, que me crié en Bellavista, no existe un arte marcial más de barrio que el karate.

Era la manera de plasmar las inquietudes de mi viejo acerca de que el hijo no le salga maricón, O que sus compañeritos no le hagan bullying, aunque el bullying en ese momento no existía. 

Entonces la paradoja de la vida hizo que practique primero karate, después judo, que más tarde haya tenido la única pelea callejera de mi vida, en la cual cobré como loco; que haya desarrollado una sensibilidad artística, que tenga un costado femenino gigantesco, y a la vez sea el tipo más heterosexual que conozco.